Claudio Morresi: “Elegiría no haber sido futbolista y que mi hermano siguiera vivo”

Este 24 de marzo se cumplen 41 años del Golpe Militar que derrocó a María Estela Martínez de Perón para dar inicio a la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Comandados por Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, el Proceso se cargó la vida de 30.000 personas. Revista Golero fue a la ex ESMA y pasó por el Espacio Deporte y Derechos Humanos -coordinado por Claudio Morresi- que se ubica dentro del edificio Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas para charlar con el ex futbolista.

Con el correr de los 34 años de democracia, la lucha de los familiares por encontrar la verdad sobre sus seres queridos se hizo más visible y empezó a tomar mayor relevancia para la sociedad. Las marchas de los 24 de marzo son cada vez más multitudinarias y son sólo unos pocos sectores los que no apoyan el reclamo ni el ya instalado “Nunca Más”. Muchos de éstos, posiblemente, involucrados en la Dictadura Cívico-Eclesiástico-Militar.

Tras haber sido Secretario de Deportes de la Nación entre 2004 y 2014, Claudio Morresi se encarga de coordinar el Espacio Deporte y Derechos Humanos, un lugar de reconocimiento y homenaje a aquellos atletas víctimas del terrorismo de Estado. Además, se hace un recorrido histórico del deporte nacional en donde se destacan los más grandes de la historia argentina. Ya ubicados allí, la cercanía a un nuevo aniversario del Golpe nos obliga a romper el silencio por la memoria de los desaparecidos:

-Cuando llega esta fecha tan significativa para la historia del país, ¿te conmueve internamente?

-Sí, son situaciones contradictorias, porque el hecho de recordar cosas tan trágicas produce tristeza, sin lugar a dudas. A parte, uno sigue, de alguna manera, encontrando nuevos casos y formas de cómo fueron desaparecidos los compañeros, nuevas formas de torturas que han sufrido. Acá figuran 50 deportistas desparecidos, pero ya hemos encontrado 30 más. Y hay que seguir poniéndole rostros a las cifras. Pero en esa contradicción de tristeza, por otro lado, está la satisfacción de ser útil, de ser una herramienta para que las nuevas generaciones no olviden lo que pasó. Los familiares de desaparecidos, los que de alguna manera lo hemos sufrido en carne propia -toda la sociedad lo ha sufrido, pero hago hincapié en los que somos los familiares- hasta el último día de nuestras vidas vamos a trabajar y vamos a luchar para que se sepa lo que sucedió, para que se enjuicie a quienes cometieron los crímenes aberrantes y para que las nuevas generaciones no olviden y tengan bien presente lo que fue el terrorismo de Estado para que Nunca Más vuelva a ocurrir. Esa es nuestra meta.

Como bien aclara el ex jugador de Huracán, él es uno de los familiares de desaparecidos que lucha activamente por esclarecer los crímenes de lesa humanidad. El 23 de abril de 1976, en apenas un mes de dictadura, su hermano Norberto Julio Morresi -de 17 años- fue detenido en un operativo realizado por fuerzas conjuntas con su compañero Luis María Roberto -de 34 años-. Su padre, Julio Morresi, fue uno de los primeros “Padres de la Plaza” en acompañar a las Madres en sus rondas en Plaza de Mayo.

-¿Cómo era tu familia antes de lo que pasó con Norberto?

-Era una familia muy normal, con mucho fútbol, tanto hablando como jugando. Eran partidos memorables los que yo hacía con mi hermano en la casa de mi abuela, con una pelota de papel atada con hilo sisal, porque en ese tiempo costaba mucho comprar una pelota. Había muchas charlas familiares también. Y entre esas charlas que se producían, y el trabajo de mi viejo, y mi vieja siempre atenta al estudio nuestro, aparecía la discusión política. Porque se empezó a gestar, a partir del ‘70, todos los movimientos revolucionarios. El peronismo con su intención de que vuelva su máximo líder. Las organizaciones guerrilleras que empiezan a actuar en el país. La vuelta de Perón, mi viejo yendo con mi mamá, mi hermano y otros compañeros -yo no fui- a buscar a Perón. Hasta que llega la dictadura… también es cierto que previo a la dictadura la Triple A accionó y de una manera muy salvaje, pero la dictadura fue el terrorismo de Estado implementado en toda su plenitud.

-En su momento dijiste que te considerabas un privilegiado porque, de última, vos sabías dónde estaba tu hermano…

-Claro, desde que mi hermano desaparece, varios años nuestra familia, como muchísimas otras, amanecía con la esperanza de encontrar a su ser querido. Amanecían con esa esperanza y se iban a dormir con la gran tristeza de no haberlo podido encontrar. Después se empezó a creer que no lo iba a poder encontrar con vida. Pero empezó también a estar la gran angustia de saber qué había sucedido con su cuerpo: ¿Qué habían hecho? ¿Lo habían tirado al mar? ¿Lo habían dinamitado? ¿Lo habían quemado? ¿Lo habían tirado en una fosa común? A partir de los 13 años de su desaparición, ya en democracia, se consigue un documento secreto del Comando Primero del Ejército donde está la forma en que fue asesinado mi hermano y el lugar donde fue arrojado. Y a partir del trabajo de los antropólogos forenses se fue a ese lugar, se recuperó el cuerpo y por estudios se supo que era mi hermano y un compañero. Mi hermano fue asesinado de seis balazos en la cabeza, a 15 cm de distancia, con 17 años. Con la inmensa cobardía que tuvieron estas personas que no dieron a conocer el final ni informaron a la familia. Entonces ese privilegio tiene que ver con que mis viejos pudieron hacer la ceremonia histórica y que cierra de alguna manera un ciclo de vida, que tiene que ver con enterrar a una persona y saber dónde está, a  diferencia de -ese es el privilegio- otros compañeros que no se sabe si fueron tirados al mar, si fueron exterminados, aniquilados, asesinados de diferentes manera.

-El concepto de libertad para esa época es muy diferente al que tenemos ahora…

-Es que es así, y por más que nosotros les digamos les va a ser muy difícil a los jóvenes entender. Una vez iba en un colectivo y llevaba un libro que estaba prohibido por la dictadura. Subió el Ejército en un “Operativo Pinzas” y a tres o cuatro los hicieron bajar. A mí no, quizás, porque me vieron jovencito, tendría 15 años en ese momento. Pero si me hubieran hecho bajar y hubiesen descubierto ese libro, tal vez me hubiera costado la vida. Que se entienda, llevar un libro… eso en sí resume esos tiempos. El hecho de que un pueblo estaba cercenada su posibilidad de expresarse, no sólo a través de los votos, sino también de la palabra y diferentes expresiones que hacen lo que tiene que ver con la libertad.

Al momento en que Norberto es secuestrado, Claudio tenía solamente 13 años y ya se encontraba en la 9na división de Huracán, club del que es hincha y donde jugaba su ídolo: Miguel Ángel Brindisi.

-¿Cómo te ayudó el fútbol a superar la desaparición de tu hermano?

-Evidentemente me volqué fuertemente al fútbol, siempre fue mi sueño y mi pasión desde que mi papá me regaló una camiseta y yo elegí el número 8 que tenía Miguel Brindisi. A veces pienso qué hubiera pasado si mi hermano no hubiese desaparecido. Yo sé que jugaba bien, está mal que yo lo diga, pero me elegían en todos los partidos, hacía muchos goles, porque me vinieron a buscar para llevarme a fichar. Pero tal vez la desaparición de mi hermano me haya dado, desgraciadamente, una fuerza interior mayor que me llevó a tratar de avanzar. Porque tal vez en ese avance curaba o cicatrizaba ciertas cosas. Y después, cuando volvió la democracia, ser jugador de fútbol me permitió tener el acceso al periodismo y comentar y hacer ver las situaciones que sucedían, lo que había pasado. Desde ya, si me dieran a elegir hoy por hoy hubiera querido que mi hermano estuviera vivo y que yo no hubiese sido jugador de fútbol, sin ningún lugar a dudas.

-¿Cómo viviste el Mundial 1978, siendo que tenías 16 años ese momento?

-Yo pude separar lo que fue siempre esa pasión y deseo de ser jugador de fútbol de lo que fue la utilización que la dictadura hizo con el Mundial. Entendí que siempre las dictaduras, a través de la historia, utilizaron a los eventos culturales para tapar sus crímenes, para vender una imagen diferente a lo que ellos realizaban. El del ’78 fue un Mundial que nuestro pueblo quería hacer, que los que nos encanta el fútbol queríamos ir a verlo, y que no mancha en absoluto la conquista de esos deportistas. Hoy nuestra función es abrirles los ojos a los jóvenes para que sepan que siempre una dictadura va a utilizar a los eventos culturales masivos y que puedan discernir lo que es una expresión popular genuina a lo que es una utilización.

En 1979, la Sub-20 liderada por un joven Diego Maradona y dirigida por César Luis Menotti logró el título de la categoría en el primer Mundial Juvenil, realizado en Japón. Dos años después, Roberto Saporiti comandó a la Selección en Australia ‘81 y el heredero de la 10 argentina fue Morresi.

-El Mundial Juvenil 1981, post título con Maradona, en medio de la dictadura, y camiseta 10… ¿Cómo lo viviste en el momento y cómo lo ves ahora, a la distancia?

-Lo de la 10 de Maradona siempre me sorprendió, fue una decisión que tomó el técnico en ese momento. Porque yo jugaba de 8, y el 8 jugaba sobre la derecha y era así. Pero yo lo que recuerdo de ese momento era la inmensa alegría de ponerme la celeste y blanca, de estar en el equipo que, con mucho sufrimiento en el Sudamericano, logró el acceso al Mundial. Y en el Mundial… esas cosas increíbles, no haber podido pasar la primera fase. Pero era un equipo en el que el 95% llegamos a Primera y triunfamos. Porque jugaban Tapia, Ruggeri, Goycochea, Gordillo, Claudio García, Martino, Burruchaga… Todos llegamos. Y perdimos contra Australia, empatamos con Inglaterra y le ganamos a Camerún, pero no nos alcanzó para pasar. Aún así fue una inmensa alegría, y pude separar lo que era la dictadura de lo que era la camiseta de la Selección Argentina.

-En ese grupo, ¿se hablaba del tema?

-No, no, recién cuando volvió la democracia se empezó a hablar. Sí lo sabían mis técnicos, y sí tuvieron un gran apoyo hacia mi persona. Pero era una cuestión muy difícil de hablar en ese momento, hasta a familiares les costaba hablar del tema.

Finalmente, nos retiramos del edificio Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas con una carga emotiva muy fuerte y dos palabras grabadas en la cabeza: “Juicio y Castigo”. Recorremos el complejo Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) y nos decidimos a terminar un día que ya no va a ser igual a cualquier otro, porque escuchar las experiencias de los familiares te da otra perspectiva. Desde Revista Golero nos sumamos al pedido de Memoria, Verdad y Justicia.

Y gritamos fuerte, pero bien fuerte, ¡Nunca Más!

Fotos y edición de video: Gerónimo Galeano

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Gerónimo Galeano

Periodista. Fotógrafo, camarógrafo y editor. Otra óptica para las historias. 1/3 de Golero. ggaleano@golero.com.ar

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