Fernando Signorini: “Fidel va a trascender en la historia por miles de años”

En tiempos donde todos corren atrás del resultado, el Profe para la pelota y reivindica el valor del “cómo”. Después de trabajar con Menotti, Bilardo, Riquelme y Maradona, el oriundo de Lincoln cruzó un café con Golero para contar sus historias y destacar, entre tantos, la figura de Fidel Castro.

Los pergaminos y logros que uno va acumulando en la vida suelen cambiar a los que nunca tuvieron en claro quiénes son. Deportistas o profesionales de cualquier índole que alcanzan la cima (o la fantasía de la misma), se olvidan de sus orígenes y le dan la espalda a aquello que solían defender. Fernando Signorini es una de las excepciones a la regla. Él puede jactarse de ser campeón del mundo, pero no lo hace. Él puede decir que trabajó con Maradona, pero a él le gusta hablar del Diego de la gente. “Si a mí me atiende Osvaldo Bayer, con 90 años y con todo el derecho de decirme ‘dejate de joder’, ¿cómo no voy a estar predispuesto a ayudar al que lo necesite?”. En un barrio de la Capital Federal que poco tiene que ver con su ideología, el Profe se planta y mantiene todas sus convicciones con firmeza:

-El otro día, después de la final de la Copa Argentina, un pibe me pregunta: “¿Cómo es eso de que a vos no te importa el resultado? Porque yo soy hincha de Central y tengo una amargura, porque lo que importa es el resultado… ”. Claro, porque acá perder las finales es de boludo… entonces no la juegues y listo. Porque te dicen que el segundo no existe, o que el segundo es el primero de los perdedores. Pero para haber un primero tiene que haber un segundo, sino no hay competencia. Pero se dicen tantas estupideces…

-Después de ese partido criticaban a Teo Gutiérrez porque salió del vestuario sonriendo. Y hablaban de eso como si fuese un crimen por haber perdido. Hasta decían que los dirigentes estaban enojados con él…

-Porque vos no podés ser como vos querés ser. Vos tenés que ser como el sistema quiere que seas. Todos esos periodistas y dirigentes son como el sistema quiere que sean. Entonces no, después de una derrota hay que llorar tres días seguidos. El día que se te muere tu mamá, o un hijo, ¿cómo salís de tu casa? Porque si salís llorando por un partido de fútbol… entonces acá lo que paga mucho es la angustia, es la tribu: Si nos pasa algo lloramos todos juntos. La vida no es un resultado por un partido de fútbol por más que se haya perdido 17-0.

Cuando perdimos 6-1 contra Bolivia en La Paz con la Selección e íbamos en el micro para el aeropuerto yo iba encantado de ver a todos los chiquitos vestidos con esos colores muy alegres de la gente del altiplano haciéndonos así (seis con los dedos)… Y sí, claro, disfruten, está perfecto. Pero no, te dicen que tenés que salir serio y si es posible llorando. Entonces así el tipo es un ganador. Una pavada.

Si Teo Gutiérrez fuera argentino y con esa manera de desequilibrar emocionalmente al contrario hace echar a un rival, acá sería Dios. A Teo hay que ayudarlo, protegerlo, estar al lado de él, contenerlo, porque hay que ver de dónde viene también. Porque otro puede salir del mismo lado y no ser así, pero él es así. Yo lo rescato como jugador y a mí me encantaría conocerlo. Porque yo sé de muy buena fuente, por la gente de La Garganta Poderosa, que es un pibe maravilloso. Me encantaría compartir un largo proceso dentro de un equipo de fútbol, inclusive porque creo que aprendería mucho de él. Y creo que también podría ayudar a potenciarlo. Además a mí me resulta muy simpático, porque es vago y atorrante, como la mayoría de los cracks. Por más que muchos se hagan los santitos, son así. Como Messi. Porque se juega como se es.

Después llegaron las escuelas de fútbol y empezaron a intoxicar el fútbol argentino. Entonces en la escuela hay que portarte bien, porque si no te ponen amonestaciones. Si tirás un caño en el área te bajan la nota… Uno no puede ser atorrante, uno no puede hacer cosas irresponsables, porque “acá hay mucha plata en juego”. Le hablan de plata a los chicos… si el mismo Messi se hubiese quedado en Argentina no sé si hubiera llegado a ser lo que es. Porque lo hubieran disciplinado de otra manera. Además lo hubiesen metido en un gimnasio para potenciarlo, porque como decían que era una pulga… le hubiesen provocado más de una lesión de esas importantes, sólo por el hecho de potenciarlo. Incluso lo despreciaron porque era muy chiquito, primero Newells y luego River… Ahora tendrían que gastar unos pesos para comprarlo, ¿no? Ahí tenés, la escuela del fútbol… ¿De dónde salieron Rojitas, Houseman? ¿De qué escuela salieron? Si ése es el precio que hay que pagar por ir a la escuela yo los prefiero analfabetos, desde el punto de vista del aprendizaje futbolístico, ¿no?

-Algo parecido habías dicho en una entrevista hace un tiempo, que dijiste: “La historia grande del fútbol se hizo cuando no existían los gimnasios”. ¿Pensás que cada vez se deja más de lado estos orígenes del fútbol y se va más a lo económico y al negocio?

-Claro, al negocio. Yo que recuerde no sé cuándo se habrá erigido el primer gimnasio inteligente en Argentina, pero no debe hacer más de 30 años. Prácticamente no existía este tipo de cosas. Hoy se habrán vendido miles de millones de dólares y cada vez son más sofisticados. Ahora, cada vez se juega peor al fútbol… entonces, como el fútbol está mucho más ligado al hecho artístico que al científico, estos tipos se vuelven locos, porque no lo pueden medir. ¿Cómo medís el amor? ¿Cómo medís la amistad? ¿Cómo medís la belleza de un paisaje? Hay cosas que no fueron hechas para ser explicadas. Messi, Maradona, Riquelme… no son tipos que puedan ser explicados, son tipos para ser disfrutados, para ser observados, para que te asombren. Los mejores jugadores del mundo no se hicieron jamás en un gimnasio.

El saber jugar es la principal cualidad de un futbolista. No es ser veloz, Usain Bolt no podría jugar al fútbol, o al menos no al alto nivel. No es la fuerza, Schwarzenegger no podría haber jugado al fútbol. No es el salto, Sotomayor no cabecearía una pelota. Es un misterio. Es la velocidad de mente, la precisión, el elegir bien. Riquelme, siendo tal vez muy lento, era el más rápido de todos.

El fútbol de todos es el deporte más difícil de jugarlo a extraordinario nivel. Porque Jordan sí, pero jugaba con la mano, en un campo muy parejo que no tenía pozos, que no tenía barro, que no tenía césped irregular o mojado, que no había viento, ni niebla, que no te tiran con lo que tienen. Nadie te pega una patada de atrás o te pega un codazo en los dientes. No digo que no sea complejo jugar al básquet a ese nivel, eh. Pero cuando tirás al aro tenés la pelota acá (cerca de la cabeza). Y cuando vos pateás al arco tenés la pelota lo más alejada posible del centro neuronal, siempre y cuando tengas algo acá arriba. Por eso el deporte más difícil para hacer un acto descomunal, no me cabe ninguna duda, es el fútbol.

Nos tomamos un respiro en la charla deportiva porque la actualidad política nos toca fibras íntimas. En la noche del 25 de noviembre de 2016, Raúl Castro informó al pueblo sobre el fallecimiento de su hermano Fidel. Ahora, en el café de nombre parónimo a la capital cubana, el Profe Signorini nos contó sobre la vez que conoció al Comandante.

-¿Qué sensaciones tuviste la primera vez que fuiste a Cuba y conociste a Fidel?

Yo fui en el ‘87 con Diego la primera vez, a la casa de la Revolución, y estuvimos como cinco horas hablando con él. Son cosas que te superan. Yo antes de ir me puse colirio en los ojos para ver todo lo mejor que podía ver y me destapé los oídos para escuchar todo, porque no me quería perder palabra. Más allá de alguna pregunta o algún diálogo, era un tipo de otro nivel. No hace falta entrar en eso de la ideología, fue uno de los tipos más importantes de la historia de la humanidad. Porque lo que hicieron ellos, 16 tipos barbudos, les habían quedado tres fusiles hechos pedazos, hambrientos… contra un ejército, en el patio de atrás de Estados Unidos. Y el tipo dijo: “Compañeros, ahora estoy seguro que acá haremos la revolución”. Yo hubiese dicho “éste tenía una botella de ron y se la tomo toda”, y no, el tipo estaba más fresco que una lechuga.

Y éso me sirve a mí para el fútbol, para todos los que hablan del gimnasio, los músculos… esa fuerza es la que menos importa. La fuerza está acá (cabeza) y está acá (corazón). De ahí para abajo no sirve para nada, esa fuerza la tiene cualquiera. Ahora, este circuito, la convicción, el conocimiento, el amor y la sensibilidad por lo que uno hace… esa fuerza es imbatible. La fuerza del afecto, del cariño. Como la fuerza del odio, son equivalentes. Y él además era un oso tan grandote, pero que te transmitía esa ternura y calidez tremendas, incluso en los gestos. Y pensar que en mi casa cuando era chico se prohibía hablar de Fidel... Toda esta pavada que se escuchaba en occidente, de tipos que además pueden vivir mil vidas y no alcanzarían a atarle los botines a una sola de las vidas de Fidel. Tipos que van a ser olvidados en el trayecto de la casa de velatorios al cementerio. Y este tipo va a trascender en la historia por miles de años. Tipos como Chávez, como Evo, como Correa… y ni hablar de los que hicieron la historia anterior, Sandino, u Ortega, Manuel Rodríguez. Y los que están ahora son menos que nada, porque en definitiva son títeres que manejan desde los grandes centros. “A ver, Mauri, ahora tenés que hacer esto”, y Mauri va y lo hace. El chirolita del imperio. ¿Cómo los podés comparar? Ahora lo que va a pasar en Cuba no me importa. A mí me interesa lo que pasó. Y encima siguen diciendo: “Aah, pero en Cuba no podés tener nada”. Claro que no podés tener, pero podés SER. Y no te olvides, ¿sabés por qué no pueden tener nada? Porque son 58 años de bloqueo. Acá con un año de bloqueo nos morimos todos de hambre y cruzamos todos a Uruguay. Y acá tenemos todas las cadenas de alimentos por aire, por mar, por tierra, tenemos minerales, tenemos todo. Ellos tienen la caña de azúcar para chupar… por eso serán tan dulces, ¿no? Y están vivos, eh… están vivos. Pero con cierta gente no se puede ahondar mucho porque es insensible y no entiende nada. Yo les digo que lo lean a Martí, la gesta del Che… tipos que han dado LA VIDA por el otro.

-¿Cómo nació la primera reunión con Fidel?

-Fue un trámite que se le ocurrió hacer a Carlos Bonelli junto a Pablo Llonto, ellos se comunicaron con la embajada de Cuba. Un día yo estaba en Lincoln y faltaba una semana para volver a Nápoles. Me llama Diego y me dice: “Che, escuchame, ¿qué te parece si en vez de irnos directamente de Buenos Aires a Italia pasamos una semana por Cuba? Porque tenemos una invitación que Fidel me quiere conocer.” Y le digo: “¿Cuándo salimos?” Fue Carlitos, Claudia, Dalma, Pochi (la mamá de Claudia), Doña Tota… Arrancamos todos para allá. Nos llevaron a una casa de protocolo en Varadero y pasamos 7 u 8 días extraordinarios. Y el último día, cuando  ya pensábamos que no se hacía porque Fidel tenía muchos compromisos, nos llamaron, nos hicieron ir a la mañana en La Habana, en otra casa de protocolo. Habremos llegado ahí al mediodía y tipo 19:00 nos llamaron a decirnos que a las 21.30 teníamos que estar en la Casa de la Revolución y ahí estaba Fidel.

-Y esa relación se mantuvo para siempre…

-Sí, totalmente. Se pusieron a hablar de cómo patear un penal. Diego le explicaba y él preguntaba y le decía al secretario que anote todo. Estaba lleno de curiosidad, quería saber todo. Estaba tan entusiasmado que parecía un chico que no se quería perder ningún detalle. Después me tocó a mí y me firmó unos libros, entonces me preguntaba para quién era. “Éste es para César”, le respondo. “¿Y quién es César?”, me pregunta… Le digo que era para César Menotti y me dice: “Aah, sí, campeón del mundo, ¿cómo no lo voy a conocer?”. Estaba en todos los detalles. Cuando le hablé de mi pueblo, Lincoln, los mira a todos y dice: “El único yanqui que hubiera jugado en mi equipo”. Sabía de todo. El tipo te hablaba de cocina y era Francis Mallmann. Y te dabas cuenta que sabía en serio. Fidel dedicaba no menos de 4 horas al día a la lectura, más allá de lo que él escribía. Y dormía 4 horas por día. Vos leés “La historia me absolverá” y no lo podés creer. Un tipo fantástico, con un sentido del humanismo tremendo. Yo creo que es uno de los tipos de punta del proceso civilizatorio en toda la humanidad, por la concepción que él tenía de las relaciones y de la dignidad. Lo primero que hace la revolución es eliminar el analfabetismo.

Como Diego y Fernando, nosotros viajamos de Cuba a Italia, porque también queremos saber cómo era un día en la vida del Maradona napolitano. Ahí, con esa camiseta celeste de club chico que él transformó en gigante, donde tuvo su mejor etapa como futbolista.

-¿Podés describir la locura de la época de Diego como jugador?

-No, es imposible. Es como vivir adentro de un lavarropa, ¿viste? Por ejemplo, en Nápoles era imposible salir a la calle con él. La gente se ponía loca con él, era insoportable. Y él a veces se enojaba. Primero que cuando él llegó nadie se la creía, ni ellos. ¿Cómo iba a ir al Nápoli desde Barcelona? En 63 años ellos habían ganado una sola Copa Italia… Con Diego ganan un Scudetto con él como goleador y mejor jugador del torneo, Copa Italia, Supercopa, Copa de la UEFA y otro Scudetto. A mí me encanta enaltecer la figura de Diego, pero hablando de lo mejor de Diego. Del Diego futbolista, del Diego de la gente. Yo de lo demás ni hablo. Yo hablo de Diego, no de Maradona. Maradona es lo que él tuvo que ser para estar a la altura de los medios.

Siempre le dije a Diego que él tenía que agradecer haber nacido en Fiorito. Porque si hubiera nacido en Libertador y Tagle a lo mejor jugaba al polo… No tenía potrero para jugar al fútbol o iba a ser hijo de otra familia que no lo iba a dejar 8 ó 9 horas jugando a la pelota todos los días.

-¿Y el Maradona entrenador?

-Él tuvo mucha influencia de Menotti y lo destaca como el mejor técnico que tuvo de aquí a la Luna. Más allá de reconocer que Bilardo tuvo la capacidad de posicionarlo a él en contra de todo. Arrancó dándole la cinta de capitán en vez de a Passarella. Éso lo potenció. Pero él para ser entrenador no se preparó, pensó que era algo instintivo, como cuando jugaba. Sin embargo si se hubiese quedado más tiempo se hubiese preparado mejor, porque él no es ningún tonto. Se hubiera juntado con Menotti, con Mourinho, con Guardiola… Pero le cortaron las piernas otra vez. Grondona desde el primer momento en que estuvo Diego en la Selección lo quería enterrar.

-Vos que lo tuviste tan cerca a Diego durante tanto tiempo, ¿sigue siendo muy difícil para él ser Maradona o ahora lo ves más tranquilo?

-Y sí, porque ahora está en un lugar que nadie lo molesta, pero cada vez que viene acá se le complica muchísimo. Ahora se está entrenando de vuelta y mantiene una neuro-coordinación increíble. Se lo ve fresco, pícaro. ¿No era que estaba muerto? Él nos va a enterrar a todos. Me genera una alegría bárbara. También está recorriendo el espinel de todos sus hijos y habla con todos, me parece fenomenal.

Ya nos queda poco tiempo, el Sol de la tarde hace arder el asfalto de la Capital y aún hay muchas preguntas y temas por hablar. Sin embargo, queremos que el Profe nos deje una reflexión que pueda trazar un paralelismo entre el fútbol y la política.

-En su momento dijiste: “no es negocio educar a un futbolista”.

-No, claro, así como no es negocio educar al pueblo. Cuanto más educado está el pueblo, es menos proclive a obedecer, van a preguntar “¿por qué?”. Con el jugador lo mismo, si lo educo después arma un gremio y me arruina el negocio. El peor de los negocios es educar para estos gobiernos tercermundistas, berretas y bananeros. Porque si vos querés una sociedad que se supere, necesitás la mejor educación. El tema es intentar siempre ser lo mejor que uno pueda ser y dar lo máximo de uno.

Ahora sí, dejamos el pequeño café con aire acondicionado para meternos en el horno de la calle. Pero no quema, porque nos vamos frescos de historias, anécdotas, reflexiones y enseñanzas. Fernando Signorini demuestra que codearse con Diego y tener cara a cara a Fidel no significa perder la sencillez.

Fotos y edición de video: Gerónimo Galeano

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Gerónimo Galeano

Periodista. Fotógrafo, camarógrafo y editor. Otra óptica para las historias. 1/3 de Golero. ggaleano@golero.com.ar

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