“Ganar la Libertadores con Boca fue de lo mejor de mi carrera”

Revista Golero se hizo un viajecito hasta San Vicente para charlar con Claudio Morel Rodríguez. El defensor paraguayo fue una pieza clave en la última Copa Libertadores que ganó Boca, hace 10 años.

Cuando uno nombra a Boca, no puede dejar de lado el hecho de que es un club “copero”. En el plano internacional, se codea con clubes enormes del mundo como Real Madrid, Milan o Barcelona. Y dentro del continente americano, sólo le falta una Libertadores para igualar las 7 de Independiente, el “Rey de Copas”.

Sin embargo, el 20 de junio se cumplieron 10 años de la última conquista de América por parte del Xeneize. Con Juan Román Riquelme y Martín Palermo como figuras y líderes del plantel, Boca se sobrepuso a momentos difíciles para finalmente levantar el trofeo en Brasil, tras vencer a Gremio con un global de 5-0. El paraguayo Claudio Morel Rodríguez fue uno de los pilares de la defensa campeona:

-¿Cómo fue ese momento de ganar la Copa contra Gremio?

-En mi carrera fue de lo mejor. Ese 2007 fue un gran año, como casi la mayoría de los que me tocó vivir en Boca. Fue algo maravilloso, más que nada recordando los dos partidos de la final, tanto en La Bombonera como en Brasil. Teníamos un gran equipo, con un Román que fue figura de punta a punta, pero que además no era Román solo, el equipo en sí lo acompañaba también. En todas las líneas tuvimos un gran nivel. También la ventaja que era tenerlo a Martín adelante. La figura de Martín tanto dentro del campo como en el vestuario y el día a día era muy importante para nosotros. Y una ventaja porque el rival le tenía respeto. No sé si miedo, pero sí la preocupación de saber que era como se decía siempre, no darle un paso de ventaja porque te clavaba de donde sea. Y tuvimos la suerte de hacer grandes partidos en las dos finales, se marcó una diferencia en cuanto al resultado y en el campo de juego.

-Paradójicamente pareció que la final fue más sencilla que todas las demás fases que tuvieron momentos complicados, como con Libertad en Paraguay donde apareció Riquelme en una pierna o el partido de la neblina con Cúcuta luego de perder 3-1 en Colombia.

-Sí, es verdad, las cosas que pasaron antes de llegar a esa final fueron insólitas, si se puede decir. Más que nada lo de Cúcuta, jugar con el tema de la neblina, que realmente no se veía nada. Es más, lo quisieron suspender y se terminó jugando igual. Ya cuando llegamos ahí no se veía nada. Fue la primera vez que me pasó algo así, de entrar a una cancha y La Bombonera no se veía nada, pero pudimos jugar y pasar. Y en Paraguay también, una parada muy complicada contra un Libertad que tenía un gran equipo. Y en la final fue la diferencia que obtuvimos en La Bombonera. Después fue algo increíble, ir a Brasil y hacer callar a tantas personas y que solamente se escuche al hincha de Boca, me parece que no pasó muchas veces.

-Además que Boca fue muy superior en ese partido.

-Sí, lo demostramos desde el primer minuto, nosotros sabíamos lo que queríamos y qué nos estábamos jugando, no era un partido más. El carácter del equipo, la personalidad. El plantarse en Brasil, salir a jugar más allá del de la diferencia que obtuvimos en el primer partido. No salimos a aguantar el resultado ni a especular, fuimos a plantarnos y a jugar de igual a igual. Creo que eso fue de lo que nos convenció Miguel (Russo) en ese momento, convencernos de ir a buscar el partido desde el primer minuto para ganarlo y estar más tranquilos. Sinceramente no sé si hubo otra final con un resultado global tan abultado, que uno no se esperaba contra un equipo brasileño. Se esperaba algo más ajustado, más peleado.

-Volviendo a lo que significa la figura de Román. El segundo gol en La Bombonera fue el de tiro libre y vos estabas con él. ¿Se le pide esa pelota a Román en una final?

-No, no se la pedí, pero eso siempre se habla. Porque por lo general el arquero o la barrera lo primero que piensa es “patea Román”, entonces quizás era aprovechar eso. Era ver dónde se ubicaba el arquero, ya sea en su palo o al medio del arco. Siempre hablábamos en esas situaciones, incluso he pateado algunos aún estando Román. Entonces le pregunto: “¿Qué hacemos?”, y me dice: “Pará…”. Miramos la ubicación del arquero, la barrera… “Pisámela”, me dice. “Pisala para atrás”. “Bueno, dale”, le digo yo. Y salió perfecto porque la barrera se abre y la pelota pasa justa. Tenía que ser así. Era imposible para Saja porque fue pegada contra el palo y él estaba cubriendo bien el suyo. Él tenía que cuidar su palo porque con Román nunca sabés… pero esa jugada salió bien. También podía pasar que si la barrera no salía, la pelota no pasaba, pero son las cosas que tiene el fútbol.

Rememorando un poco sobre su carrera, un dato curioso aparece cuando vemos sus inicios en San Lorenzo: el técnico que lo hizo debutar en primera fue Alfio “Coco” Basile, con quien años después en Boca no tuvo tanto rodaje:

-¿Fue casualidad o pasó algo con el Coco?

-No, son cosas del fútbol. Uno siempre quiere estar, quiere jugar, incluso con una molestia porque sabés que podés perder el puesto. Pero sí, con el Coco debuté en San Lorenzo y después en la primera etapa suya en Boca fue la que no jugué. Ahí jugaba Krupoviesa. Pero nunca lo tomé como algo personal ni nada, el Coco se acercó y lo hablamos. En la segunda vino y me dijo: “Ahora vas a jugar vos”, son cosas que pasan. Sí jugué mucho con Miguel (Brindisi), con el Chino Benítez un poco alternaba. Con (Carlos) Ischia jugué bastante y salimos campeones en ese triangular insólito en 2008. En la segunda etapa del Coco jugué un poco más, como también con La Volpe. Creo que con Ricardo jugué todos los partidos. El hecho de estar en Boca significa que siempre vas a tener competencia, porque en ese momento jugábamos domingo-miércoles, sábado-miércoles, domingo-jueves, siempre dependiendo de los viajes. Teníamos un plantel que cualquiera sería titular en todos los demás equipos, pero a la cancha sólo entran once. Entonces uno a veces tenía una molestia, se la aguantaba y quería jugar igual, porque por ahí era perder el puesto. Pero era  una competencia sana. Krupoviesa estaba muy bien, pero vino Ricardo y me dijo: “Yo no sé cómo vos no estás jugando, pero conmigo vas a jugar”. Me asombró porque yo a él no lo conocía personalmente todavía. Y que venga y me diga eso fue muy importante para mí, desde lo anímico. Después uno tiene rendir y demostrar adentro de la cancha y en el día a día.

Y si de directores técnicos se trata, Morel conoció a varios entrenadores de primer nivel con la Selección de Paraguay. Con el combinado guaraní jugó 35 partidos y participó de la Copa América de 2007 en Venezuela y del Mundial 2010 en Sudáfrica.

-Debió haber sido muy importante para vos el Tata Martino, porque te llevó de vuelta a la Selección en el 2007 luego de no haber estado desde 2001.

-Claro, yo estuve en los últimos partidos de las Eliminatorias para el 2002 con el uruguayo Sergio Markarian. Fui convocado a varios partidos y antes de jugar un partido con Venezuela, se dio otro resultado que nos clasificó al Mundial de Corea-Japón. Cuando termina esa Eliminatoria lo echan a Markarian y lo traen a Cesare Maldini, el padre de Paolo. Y ahí es donde lleva jugadores que nunca entendí. Pero esas cosas pasan en todo el mundo del fútbol, no sólo en Argentina. Yo había estado en algunos de los partidos de esa Eliminatoria, no en todos fui titular, pero estuve. Sergio me había dicho que me preparara porque yo iba a ir al Mundial, pensando que él también iba a ir. Después del 2006 agarra el Tata y ahí sí gané continuidad en la Selección. Y para mí fue muy importante y lo pongo un pasito más arriba de lo de Boca, porque a mí me tocó criarme y vivir toda mi vida en Argentina desde los 3 años. Que no tiene nada de malo, obviamente, mi vieja y mi hermano son argentinos, también mi señora y mis hijos. Pero yo quería defender los colores de mi país. Quizás se me complicaba entrar en los grupos porque yo no hablaba guaraní. Pero cuando asumió el Tata se formó un grupo bárbaro. Y no sólo por llevarme a las Eliminatorias y al Mundial, pero él está entre los mejores entrenadores que tuve. También Pellegrini y otros más, pero el Tata está en el primer lugar. Por su manera de trabajo, por la manera de llevarse con el grupo, que no es fácil. Teníamos muy buenos jugadores y él nos supo llevar muy bien. Fueron pocos los cambios que se hicieron en tantos años y por algo es la selección paraguaya que más lejos llegó en un Mundial. Y nos queda solamente el consuelo de que perdimos con España, pero hasta el día de hoy uno se pregunta qué hubiese pasado si entraba el penal que erró Tacuara Cardozo. Pero es parte de lo lindo y lo feo que tiene el fútbol. Pero sí, teníamos un equipo con Roque Santa Cruz, Haedo Valdez, Villar en el arco. No era el Paraguay que apostaba a una pelota larga y vayan todos a cabecear. En ese Mundial, incluso, debutamos contra el campeón del mundo, que era Italia. Y empezamos ganando 1-0 e hicimos un gran partido, a pesar que terminamos empatando. Y en varios momentos fuimos superiores a Italia, con todas las figuras que tenía… éramos un equipo que por momentos durante esos tres o cuatros años de Eliminatorias fuimos primeros jugando de igual a igual contra cualquier selección de acá de Sudamérica, siendo protagonistas. Es más, a Argentina y a Brasil les ganamos de local, empatamos con Argentina en el Monumental, etc. Lo que te decía, no era el Paraguay que apostaba a un pelotazo, a un corner, a un tiro libre, una pelota parada y nada más. Nos hacíamos respetar, jugábamos de igual a igual, por abajo, atacábamos mucho, llegábamos con mucha gente y para defender la misma garra de siempre. Y la característica de los equipos del Tata, llegar con gente rápida por afuera, con los extremos. Vayan y después vuelvan que hay que defender. El ida y vuelta típico de los equipos de Martino, con mucha intensidad. Por eso creo que se llegó a donde se llegó con él, a conseguir eso de que a Paraguay nunca le había pasado eso de ir primero dos o tres años en una Eliminatoria que siempre fue muy complicada. Se ve ahora con la posición en la que está Argentina, porque mejoró Ecuador, Chile viene peleando entre los primeros, Uruguay lo mismo. También Colombia, que siempre tiene gente de buen manejo de pelota. Y nosotros nos plantábamos y ganábamos. Había grandes jugadores e hicimos un gran Mundial y luego -aunque yo ya no estaba- se llegó a la final de la Copa América acá en Argentina. Pero sí, al Tata le voy a estar eternamente agradecido.

Claudio Morel Rodríguez nació en Paraguay el 2 de febrero de 1978. En esa época, su padre, Eugenio Morel, jugaba en Libertad. Al año siguiente, conquistó la segunda Copa América en la historia de la selección guaraní, en una de las tres ediciones que la competencia que se jugaron sin sede fija. En dicho torneo, Morel le anotó un gol de chilena a Brasil:

-¿Qué te cuenta él de ese gol y de esa Copa? Porque vos eras muy chico.

-Lo vi en video, jaja. Pero sí, lo hablamos. Mi viejo jugó en el San Lorenzo que ascendió en el ’82. Después de eso se va a Cerro Porteño, pero durante la Copa América él jugaba en Libertad. Lamentablemente para Paraguay esa es la última copa, pero para mí es un gran orgullo.

-Y además jugó con Maradona…

-Sí, en Argentinos Juniors, cuando Diego era joven. Todos esos recuerdos mi viejo los tiene en Paraguay, en la casa de mi abuelo. Tiene cuadros, fotos, incluso tiene la copa de que salió goleador. Y ese gol de chilena todo el mundo allá se lo recuerdan, ya sea cuando se cumple fecha del gol o aniversario del título. Yo estoy orgulloso de eso, tanto de tenerlo como padre y también de lo que significó para Paraguay en lo futbolístico. Y acá también la gente lo recuerda de su época de San Lorenzo, justamente por el ascenso. A mí quizás me faltó eso nomás, ¿no? El hecho de poder conseguir algo con Paraguay. Pero bueno, a él le tocó y siempre lo hablamos. El hecho de que esa Copa no tenía sede fija, se jugaba de local y visitante, muy insólito. La verdad es que lo tengo muy presente a todo eso, porque encima vos llegás a la casa de mi abuelo, entrás al living y está la copa de goleador, también tiene una copa de recuerdo del ’82 con San Lorenzo, tiene la foto con el Diego. Son recuerdos muy lindos.

-Entonces, tu viejo jugó con Maradona, vos con Riquelme y Palermo… Te faltó Messi.

-Me tocó enfrentarlo, que eso es mucho más jodido, jaja. Sí, siempre digo que soy un agradecido al fútbol que me dio todo. De tener los entrenadores que tuve, porque de todos aprendí. Y de los compañeros también, no sólo Román o Martín, tuve grandes compañeros al lado, pero sobre todo grandes personas, yo rescato eso. Pero sí, jugué con el Beto Acosta en San Lorenzo, un fenómeno. Michelini, Aldo Paredes, que me ayudaron mucho cuando yo era joven. Tuve a Ruggeri de entrenador. También el Pampa Biaggio. Gente ya hecha que fueron parte de en ese momento el último título de San Lorenzo en el ’95. Uno recién empezaba a entrenar en primera y ellos me ayudaban y aconsejaban, eso es algo que yo valoraba mucho. Después en Boca estuve con Diego Cagna, una excelente persona y un gran profesional con el que yo hablaba mucho. Si me pongo a dar nombres tengo muchísimos, pero siempre agradecido a todos. Porque uno busca el consejo, cómo seguir adelante en esta carrera que es difícil.

Luego de una etapa dorada en Boca, en donde consiguió 9 títulos, Claudio se dio el lujo de jugar en España, más precisamente en Deportivo La Coruña. Tras dos Temporadas en Europa, volvió a Argentina para jugar en Independiente, e incluso se quedó a devolverlo a Primera cuando el club de Avellaneda descendió a la B Nacional. Después, a sus 36 años, debutó en su país natal, jugando para Sol de América. Finalmente, retornó una vez más a su tierra adoptiva para incursionar en el Federal B con la camiseta de Sarmiento de Leones de la provincia de Córdoba. Hoy por hoy, Morel juega en la Liga Pehuajense para Atlético Maderense, un club situado en la localidad de Madero, dentro del Partido de Pehuajó.

-¿Cómo viene Atlético Maderense?

-Viene bien, Madero es un pueblo chico pero con gente muy cálida, que me recibió muy bien. Tenemos la ilusión de salir campeón, que hace muchos años que no pasa. Y ahora tuvimos un buen arranque de torneo, que es largo, dura hasta diciembre. Con mucha ilusión, es una liga competitiva, que se juega con mucho físico, mucho roce. Y yo voy con mis hijos y mi señora y ellos pueden disfrutar del partido, cosa que hoy en día no se puede hacer, ni en Primera, ni en Nacional B ni en cualquier categoría del ascenso. Y a esta altura de mi vida sentir el cariño de la gente es importante. Pero no lo tomo así nomás, yo me entreno todos los días, voy y juego el partido como los jugué siempre. Como lo jugué cuando me tocó vestir la camiseta de la Selección, la de Boca, la de Independiente, la de La Coruña, la de San Lorenzo… Lo juego con la misma intensidad y quiero ganar siempre. Y ahora esperando que llegue fin de año y poder obtener este título que el club no lo tiene hace mucho tiempo. Estoy agradecido de que me abrieron las puertas para seguir jugando, pero tranquilo. Y lo lindo también de que están los dos públicos, local y visitante. A mí me tocó jugar en Primera División con los dos públicos, cosa que hace varios años no se puede, incluso hasta juegan sin público ahora, por las cosas que pasan. Pero volver a vivir eso está bueno. La gente va, apoya y yo lo tomo con toda seriedad. Y ahora tenemos un grupo bárbaro y en lo futbolístico vamos mejorando.

­-Se nota que querés seguir jugando.

­-Sí, me cuido, amo el fútbol. Me gusta disfrutarlo con la familia y estar tranquilo, sabiendo que no va a pasar nada raro en la semana ni durante el fin de semana. Disfruto del fútbol, que es lo que voy a amar toda la vida hasta el último día que esté en la Tierra. Y trato de cuidarme. Obviamente a los 39 años no voy a correr lo mismo que a los 20, pero me cuido y quiero seguir jugando. Y siempre con el apoyo de la familia. Por suerte ahora me dejaron instalarme acá y me permiten entrenar acá  e ir a jugar los fines de semana.

Para cerrar una charla plagada de recuerdos felices, no nos queda otra que tocar un momento gris en la rica historia de Boca:

-¿Qué pasó en el 2006 con el tricampeonato que no fue?

-Nada, yo no viví, ni escuché, ni me dijeron nada extraño. Pasó lo que se vio. A mí nadie se me acercó ni me dijo “tenemos que ir para atrás”, o “vamos a perder para que lo echen a Ricardo”. Nada. Se habla mucho de especulaciones o de rumores, pero nunca se confirmó nada. Nunca nadie mostró un video ni imagen ni nada, porque ya había celulares en esa época. Y primero y principal que jamás iría para atrás. Jamás me dejaría hacer un gol o haría un penal. Es más, si hay algún compañero viene y me dice “mirá que tenemos que ir para atrás”, prefiero ni jugarlo antes que ir para atrás. Se dio en los últimos partidos esos resultados por la presión y otras cuestiones. Y en la final lo que pasó: se jugó mal, cometimos errores muy infantiles. También ese momento le tocó jugar a un chico joven de central, Matías Cahais. No es responsabilidad de él tampoco. Cometimos errores contra un Estudiantes que venía embalado. Faltando dos o tres partidos se les da la posibilidad de jugar una final y salieron a pasarte por arriba. Y también en ese momento fue clave la expulsión de Ledesma, que venía jugando bien, marcando la diferencia, y ahí se nos complicó. Pero acá no hay un solo culpable, sino que cometimos errores que no podés cometer, porque te lo hacen notar. Y después pasa todo esto, especulaciones que hasta el día de hoy se sigue hablando. Terminó el partido y yo me fui re caliente al vestuario a tratar de entender qué pasó. Hasta el día de hoy no entiendo cómo perdimos ese campeonato. No me fijé si Palermo y Verón se saludaron o no, que vimos que se cruzaron un par de veces en el partido. Cómo terminó no sé, porque me fui re caliente. Pero que yo haya visto o escuchado algo raro, jamás. Ni que me hayan dicho tal o cual cosa no, porque te estaría inventando o mintiendo.

Ahora sí, dejamos que Claudio Morel Rodríguez disfrute un sábado en familia en San Vicente y nosotros nos vamos por la ruta, con la certeza de que si un jugador quiere seguir jugando y entrenando, no importa la edad ni la categoría. El amor por lo que uno hace sirve para romper cualquier tipo de barrera y prejuicio.

Fotos: Gerónimo Galeano y archivo

Edición de video: Gerónimo Galeano

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Gerónimo Galeano

Periodista. Fotógrafo, camarógrafo y editor. Otra óptica para las historias. 1/3 de Golero. ggaleano@golero.com.ar

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