La camiseta de las dos tiras

La familia nunca se elige al nacer. La familia es familia hasta que uno lo decide. Una persona es llamada hermano porque los padres decidieron traer otra persona al mundo para compartir la existencia con el primer nacido. La noción de familia es una idea estructurada en la unión de la sociedad y en el contexto de la comunidad. Obviamente, no en todos los casos de la humanidad la familia nace, vive y muere unida a ese lazo.

En 1900, en la ciudad de Herzogenaurach, Alemania Federal, nacía Adi Dassler. Hijo de un empleado de fábrica de zapatos y la hija de una pequeña lavandería céntrica, siempre estuvo inmiscuido en temas de indumentaria. Adi tenía un hermano dos años mayor, Rudolf.

Obviamente, nunca se pudieron elegir, nació uno y luego el otro y nadie preguntó nada al respecto. Porque la vida es así. La historia podría continuar contando los pormenores de la niñez de estos dos germanos, pero el hecho que hace que Johan Cruyff haya elegido a uno de ellos por sobre el otro empieza a ocurrir en 1920, cuando Adi inicia la fabricación de calzado deportivo para atletas. En el taller de Christoph, su padre, el hermano menor comienza a hacer historia. La marca elegida para este emprendimiento sería Adidas -apócope de Adi Dassler.

En 1924, su hermano mayor se sumó al negocio que ya pasó a ser familiar. La marca Adidas colaboró con el nazismo alemán de comienzos de la década del ’30. Una marca, una familia, un país, una creencia nacionalista por parte de los Dassler, que hicieron referencia a todo lo relacionado con la ideología y el régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945, con la llegada al poder del Partido Nacional Alemán de los Trabajadores de Adolf Hitler, el entonces autoproclamado Tercer Reich. En los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, Adidas, bajo la sumisión nazi, equipó a varios atletas e inició su escalada internacional en el mundo de la indumentaria deportiva.

El clima entre los hermanos comenzó a ser tenso durante la II Guerra Mundial. Por orden del III Reich, la fábrica de calzado se reconvirtió en taller de tanques y repuestos de lanzamisiles. Adi se libró de empuñar armas para hacerse cargo del rumbo bélico que había tomado su empresa. Rudolf, convencido de la causa nazi y espía de las SS, se unió a las tropas en Sajonia y desde allí escribió una misiva a su hermano llena de afecto: “No dudaré en pedir el cierre de la fábrica para que tengas que asumir una ocupación que te permita jugar a ser jefe y, como deportista de elite que eres, tengas que llevar un arma”.

Luego de la derrota del eje Roma – Tokio – Berlín por los aliados, Rudi Dassler se separa de su hermano entre denuncias de grueso calibre, acusando a Adi de haberlo traicionado y, en consecuencia, haber estado preso por colaboración política con el nazismo, e inicia el camino de la empresa de indumentaria deportiva Puma bajo el nombre de Gebrüder Dassler Schuhfabrik. En 1948, la empresa pasó a denominarse Puma Schuhfabrik Rudolf Dassler.

La historia del fútbol también puede contarse como la historia de una familia.

Trece millones de holandeses vieron en el Mundial de Fútbol de Alemania 1974 cómo nacía una nueva familia. A esa forma sociocultural se la llamó Fútbol Total y como en la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se designa a Johannes Cruyff.

En la previa del Mundial 1974, jugado en la casa de los Dassler, Cruyff hizo un acto de persuasión cuasi sindical al amenazar con no participar de la cita si no se le respetaba su contrato de patrocinio con la marca del menor de los hermanos, Puma. Al final, el protagonista de Holanda jugó, barrió con todos, inventó una nueva forma de moverse en la cancha, siempre con una camiseta diferente como él: una camiseta con dos tiras. Ni Adidas, ni Puma, la camiseta Cruyff.

Los dirigentes holandeses quisieron persuadir al artista para que usara la camiseta de las tres tiras. Pero no pudieron sostener su posición ante la respuesta a un toque de Cruyff: ‘Ellos hicieron una apuesta de dinero con ustedes, no conmigo'”.

“Para usar la camiseta de las tres tiras, Adidas debe pagarme. De otra forma, utilizaré otra indumentaria”, fueron las palabras del volante holandés en pleno desarrollo del Mundial. Cruyff no iba a utilizar la marca de ropa Adidas que consistía en botines -en ese momento tenía contrato de exclusividad y le proveían los famosos Classic Puma King-, medias, pantalón y remera naranja; todo con las tres tiras características de la marca alemana.

El jugador que cortaba sueños con pases de bisturí entre las defensas rivales, que medía cada paso que daba en su vida en un campo de fútbol, ese “orange” que convertía cada gambeta en una hojalata que penetra el sueño cuando pretendes dormir, ese magnífico jugador de fútbol, poeta del balón, en 1974, en Alemania, no iba a utilizar la marca teutona.

Como todas las veces, hay varias teorías históricas acerca del hecho de la camiseta de Cruyff. Algunas dicen que la empresa trató de negociar el uso de la indumentaria por parte del jugador, pero que el nacido en Ámsterdam demandó mucho dinero. La segunda teoría indica que la mismísima empresa Adidas le proveyó toda la indumentaria con dos tiras para que por lo menos utilice ropa original y no alguna copia barata. Por último, y más descabellado aún, los defensores a ultranza del crack holandés, románticos de buen fútbol y quizás enamorados por la oscilación de sus piernas, afirman que el mismísimo Johan le quitó, con ayuda profesional, “la tira de la discordia” a su equipamiento para actuar en la cancha.

Esta hipótesis tiene su asidero en los supuestos conocimientos sobre corte y confección por parte del jugador, ya que en su infancia había vivido muy cerca de un taller de costurería que hacía arreglos de ropa en general, un lugar al que Johan de niño era habitué, ya que se remendaban todo tipo de ropa, en especial viejos trajes de guerra (…)

La Federación de Fútbol de Holanda (KNVB) trató de persuadir al artista para que usara “las tres tiras” pero no pudo sostener su posición ante la respuesta a un toque de Cruyff: “Ellos hicieron una apuesta de dinero con ustedes, no conmigo”. Tal fue la decisión del lírico holandés que no fue llamativo verlo bajar con campera de jean por las escalinatas del avión que llevó a Ámsterdam a los futbolistas, mientras sus compañeros lo hacían con jogging blanco con tres tiras naranja. La jugada fue pensada de principio a fin.

Una cabeza llena de felices ilusiones, enceguecido con un pensamiento y el toque como caricia de las locas tentaciones que tiene el fútbol como deporte. Josie de chico, Johan de grande, Cruyff de ídolo. Nunca claudicaron sus pretensiones, juego con las dos tiras y no hay plata ni presión en el mundo que lo haya hecho cambiar de frente en su pensamiento. Ningún paso atrás, aunque los pases vayan hacia allá retrayendo el asfixio rival para partir como lo hacen los grandes el camino al andar.

En Alemania 1974, durante el Mundial de la primera guerra fría de las marcas, Johan Cruyff eligió su batalla y eligió, por primera vez, entre los hermanos Adi y Rudolf Dassler. Ni sus padres pudieron ayudar, sólo vino y estuvo en su afán de liberar algo más que “la camiseta Cruyff”.

La camiseta tenía dos tiras, una para Adi, otra para Rudolf, la vida tenía dos hermanos, la familia no se elige, pero las tiras sí.

Fotos: Archivo

*El texto fue publicado en el libro "Un picado en el Maracaná", editado por AuGol previo al Mundial Brasil 2014.

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Rafael Alarcón

Periodista. Productor de televisión. Me fascinan las historias que no se deben contar. 1/3 de Golero. ralarcon@golero.com.ar

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