Miguel Ángel

Ídolo, ¿se nace o se hace? Ídolo se es.

Representa algo extra en un jugador que no tienen los demás. Ídolo es para uno y casi siempre concuerda con los demás, con el colectivo de hinchas que glorifican a una persona por un logro deportivo.

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Ídolo es una categoría selecta para unos pocos, que estuvieron y van a estar eternizados por la gloria continúa de sus amores en la retina de cada hincha que hace crecer dicha gloria.

Mi ídolo es Miguel Ángel Gambier. “El Pampa”.

Miguel Ángel se llama mi papá. Biológicamente es mi sangre porque lo dice un estudio y porque puso lo que había que poner para que nazca. Punto. Eso y nada más.

Miguel Ángel también se llama mi ídolo. Jugaba al fútbol y hacía goles todos los fines de semana. Nacido en Pellegrini, La Pampa, llegó un día y en su primera conferencia de prensa, sentenció: “Vengo a ponerle punto final al sufrimiento de esta gente”. Eran tiempos en los que Colón generaba ilusiones y sueños que luego se escurrían como agua entre las manos, quedando abiertas grandes heridas de su gente.

No fue coincidencia una cosa con la otra, algo o alguien me puso a Miguel Ángel en el camino. Uno de los Migueles es mi ídolo y el otro no está ni cerca de serlo. Con uno de los dos Migueles festejé y lloré, quizás no entendiendo la magnitud de un ascenso a Primera División, y con el otro también lloré quizás no entendiendo la magnitud de un golpe mal dado o una nueva promesa incumplida.

El 29 de julio de 1995, el Pampa, pegó dos gritos gloriosos, uno en cada arco del Estadio Brigadier López. El primero calmó los nervios y el segundo —tercero del equipo— fue el que selló la esperada gesta, cerrando una herida intensa en el pueblo santafesino.

Los dos Migueles forman parte de mi vida como si fueran la misma cara de una persona, con sus cosas malas y buenas, es posible decir que uno prometió y cumplió, y el otro se basó en vender espejitos de colores por la vida.

El 23 de Junio de 1996, cantó por última vez gol con la casaca sabalera. Penal en el último minuto y a cobrar, dirían los viejos relatores radiales. Asumió esa responsabilidad como tantas otras y ejecutó suave, para que el arquero no salga ni en las fotos.

El 3 de Octubre, Colón ganó 1-0 a Defensa y Justicia en Santa Fe, con un gol de Emanuel Olivera, que cabeceó con ayuda desde el cielo. Todo esto ocurrió en medio de una ovación generalizada, porque fue a los 9 minutos, en el “minuto Pampa”. Increíble. Esos guiños que se dan desde arriba.

Miguel Ángel Gambier, mi ídolo, hoy descansa en paz, luego de que un cáncer lo alejara físicamente de la tierra. Su nombre, el afecto de la gente sabalera, el reconocimiento por los logros obtenidos, esa estirpe de hombre duro, goleador, que hacían temblar a las defensas rivales, ese Pampa querido nunca morirá.

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Rafael Alarcón

Periodista. Productor de televisión. Me fascinan las historias que no se deben contar. 1/3 de Golero. ralarcon@golero.com.ar

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