Ruso Verea: “El fútbol argentino necesita una revolución”

Miércoles 28 de diciembre. Mucho calor. De esos días en los que el Sol gana protagonismo y uno se desvive por un poco de aire fresco. Subte, tren y auto fue la combinación necesaria para llegar a la localidad de Gerli, en el Sur del Gran Buenos Aires. Allí nos recibió Norberto “El Ruso” Verea. El ex arquero, conductor y periodista habla de todo, mate de por medio, con Revista Golero. La actualidad del fútbol argentino, la crisis de la AFA, lo que significó Pappo para la música y como influyó en su vida Motörhead.

El Ruso es un polifuncional de la vida. Fue arquero de Chacarita, Independiente y Talleres de Remedios de Escalada. Dueño de una parrilla, pintó casas y fue vendedor de discos. Gracias a eso le llegó una oportunidad imposible de rechazar: ser el conductor de las medianoches de la mítica FM Rock & Pop, a comienzos de la década del ’90. Y así comenzó su relación con los medios. Hoy, sigue formando parte de ese mundo y opina desde su lugar con las convicciones que lo caracterizan. Afirma que “no fue un tipo de grandes planes” y por sus venas corren dos de las grandes pasiones argentinas: el fútbol y el rock.

-En una nota anterior dijiste la frase “al rock lo convirtieron en un bondi grande al que se subieron todos y cuando no convino más se bajaron”, ¿crees que en el fútbol pasó lo mismo?

-Suelo mezclarlo poco lo relacionado al fútbol con el rock. Lo del rock tiene que ver más con el sonido, no con una actitud. Más allá de que muchos se cuelgan de la actitud rock no sonando rock y lo dije porque era mucho más fácil decir “estoy en el rock”, porque era mucho más convocante, que realmente ser parte del rock. Es complicado hablar de quien tiene la razón y la verdad en el rock. Ahora, hay ciertas cosas que quedan claras: vos escuchas a The Who y entendés lo que es el rock. Y escuchas a un montón de bandas que dicen que están en el rock y vos decís “no”. Acá en Argentina es al revés. Hemos jugado un poco con toda la cosa latinoamericana, lo cual es absolutamente respetable, pero entre lo pegadizo y el rock van mucho más a lo pegadizo que al rock. Entonces vos te das cuenta que lo que hacen para acercarse al rock son un par de sonidos, que se acercan y punto. Hay una esencia que es “esto vende más, esto es mucho más pegadizo, festivo” y en ese el lugar el rock no está. El rock apareció de otra manera. Después hizo todo lo que hizo el negocio.

Y en el fútbol aparecieron las personas que no era lógico no pensar que no apareciesen. Se desmadró y se convirtió en el hecho global que es hoy. La dirigencia del fútbol se sometió rápidamente al negocio y se fueron perdieron valores que antes eran fundamentales. Si la dirigencia política es lamentable porque iba a ser diferente en el fútbol. Los dirigentes encontraron un gran hueco para lavar dinero en el fútbol, y a mí la idea del empresario o el representante no me parece nefasta. Lo que me parece nefasto es cuando vos te asocias a todo eso. Me parece nefasto que la dirigencia, que manejó durante tanto tiempo Julio Grondona a la cabeza, haya armado todo ese entretejido perverso en función primero de su poder y desde su poder para manejar absolutamente todo el negocio. Entonces el empresario era un asqueroso mal necesario. Y el representante dejó de ser el que representaba al futbolista porque lo asociaron al negocio. Entonces el representante es el que también usa al futbolista para después presionar al negocio y jugar al juego más perverso que es el del intermediario. En ese lugar todo se encarece entonces tiene que haber más dinero. Y el fútbol se le vendió a la gran multimedia, que también necesitaba negocio. No le sirve otra cosa. En algunos lugares del mundo supieron respetar el espectáculo, en este país el que ganó fue el mensaje de que el fútbol no es un espectáculo, de que no importa el cómo sino que de cualquier manera es posible. Ni hablemos del mensajero oficial, que era Bilardo y que todos se asociaron a ese discurso. Entonces tenés lo que tenés hoy. Barrabravas multimillonarios, jugando con el poder y muchísimo del dinero que los clubes no tienen y dirigentes que no apuntan a la pertenencia ni mucho menos porque ni bien aparece un buen jugador lo primero que están pensando es en cuanto lo van a vender. Porque está roto el esquema del negocio, no se sincera con la gente. El fútbol argentino paga lo que no puede pagar. Ahora si no paga lo que no puede pagar no tiene figuras, ¿y si no tiene figuras a quien se lo vende? Así y todo alguna que otra figura le cuesta muchísimo vender y tiene que inventar cosas como la Súper Liga. Y vos escuchas y decís, ¿qué es la Súper Liga? Decime quienes son los nombres de la Súper Liga. Todo se ha desmadrado de tal manera terriblemente. Entonces no creo que tenga que ver con un bondi de buenos o malos, es otra cosa. Hay otra música.

-Ante todo lo que enumeraste, los problemas, las situaciones que han ocurrido en el fútbol argentino, ¿cómo llega ese mensaje a la cancha? ¿se desvalorizó mucho el juego?

-Yo creo que no hay escapatoria. Vos tenés que fijarte primero el deterioro donde estamos sumidos. Tiene más de 60 años. Hay una cosa educacional y después hay algo difícil de aceptar que fue calando muy hondo y que es muy perverso. Porque los que aprendemos a competir y cuando digo aprendimos no es porque hayamos hecho un curso, sino que competimos y pasamos a ser profesionales o por lo menos competitivos, porque cuando yo jugaba al waterpolo no cobraba, no era profesional, pero estaba federado y tenía que ser competitivo. No iba solo a la pileta, iba a la pileta a entrenarme y entrenaba para después poder jugar y convertirme en un arquero de un equipo de waterpolo. Y fui campeón argentino juvenil. Porque lo que te enseña a competir es la competencia, ahora hay una cosa que vos tenés que ver realmente que es cómo me ganan. Porque son mejores, porque en conjunto no dimos todo lo que podíamos dar, cosa que es para reprocharse internamente, porque yo no estaba al 100%, cosa que también es para que te lo plantees, todo eso lleva un análisis. Ese análisis hoy está roto porque en Argentina existe la cosa que si ganaste no importa y si perdiste, como perdiste no hay derecho a nada.

El futbolista no puede tener pertenencia hoy. Porque desde muy chico en el barrio te compran los del otro barrio si tienen más plata y vos jugás. Porque empiezan a ganar una plata que el padre no le puede dar y que muchas veces el padre tampoco gana. Le empiezan a dar la ropa ante un bombardeo que es irrefrenable. Las zapatillas de Palermo, la camiseta de Messi, las orejas de Tevez, los pantalones de este y dale, dale, dale. Y ante un padre la mirada de un hijo, el ansia y todo, hay que estar muy firme para agarrar el pibe y decirle “las zapatillas no, vos vas a jugar para el club de Gerli y para ningún otro club”, entonces la realidad es que tenés un problema muy grande”.

-Si vos tuvieras el poder de tomar la decisión para que el fútbol argentino mejore, ¿qué es lo primero que harías?

-Acá hay que sentarse en serio y pensar el fútbol de acá a 25 años. Con una estructura de clubes fuertes. Los clubes fueron los que sustentaron a los equipos, a la inversa de lo que pasa hace más de 20 años donde los equipos sustentan a los clubes. Y fíjate de qué manera que estamos construyendo equipos ganadores y clubes absolutamente vencidos. En su gran mayoría. Y si no tenemos que depender de aliados del poder. Entonces a Boca lo dirige Angelici, el rey de la justicia y una de las manos derecha de Macri, a River lo dirige D’Onofrio con un montón de gente atrás dentro de un club en el que supuestamente nos venden el orden desde el éxito, pero que la barra maneja el horario del partido con Estudiantes porque después hay que hacer el negocio con el recital de Guns And Roses. Moyano en Independiente y Bebote Álvarez sigue como en su casa. En Temperley, el presidente no tiene ningún esquema de poder y entonces se tiene que ir. No hay una decisión fuerte para que se sienten mentes lúcidas a pensar que vamos a hacer con todo esto en 20 años.

-¿Y el futbolista en qué posición queda con esta realidad que describís?

-En el fútbol pasa otra cosa. Todos lo jugamos, todos quisimos ser, algunos pudieron otros no, pero está esta cosa de agarrarme al que le pasó. Entonces yo soy maradoniano porque Diego era Dios y Messi un pecho frío, y lo dice un tipo que si no le dan la SUBE no puede tomar el bondi y no se rebela. Pero esto también tiene un mensaje, entonces yo no me puedo enojar solo con el tipo que contesta de esta manera. Porque él recibe todo el tiempo eso. “Flaco sácame campeón, yo no lo vi campeón”, ¿cómo sácame campeón? Y el no existís, hoy ya no los tenemos enfrente. Porque ahí viene la otra, el cómo no servía. ¿Y a qué voy a la cancha? A la fiesta, macho. ¿Y quién maneja la fiesta? Los ladrones. Esto es lo que veo. Juega el Barcelona, levanta todos unos cuadraditos con los colores de Cataluña y decimos “que boludos, unos giles y que ordenaditos”. Y si flaco porque ellos lo decoran. La fiesta está ahí abajo, tiran 350 paredes por partido. Esa es la fiesta. Nosotros no, todo al revés. Entonces cualquier cosa es posible y se deteriora todo. Y el futbolista está en el medio de eso.

Vos podés entender que un tipo como Emmanuel Más, el 3 de San Lorenzo, que desde ese lugar se ganó la Selección argentina, se vaya a Turquía. ¿Lo venden en 15 millones de dólares? No, lo venden por 2 millones. ¿Y por qué se va? Porque sino no cobra. Pero no son los únicos, nadie paga. Lo que digo es terminemos con los peces de colores. Ahora, los peces de colores son parte de lo querés tragarte o no, mientras te va bien. Ahora cuando te va mal querés prender fuego todo. Y volvemos a la subcultura de “pongan a los pibes, que por lo menos tienen huevos, van a correr, salieron del club” o “que querés si son unos muertos, vos viste lo que son las inferiores, traigan a alguno”. No hay manera. Mientras te afanan el club y no te queda nada. Vos calculá esto, seas Basile con su idea, seas Sabella, Martino o el que sea. En una estructura donde más o menos la ordenas te acompaña un poco la suerte, que siempre tiene que estar, tenés futbolistas de un buen nivel, unos de muy buen nivel y uno que es superlativo, se acomodaron los planetas y llegaste a una final. ¿Y qué pasa ahí? Es el mundo Verea. “Viste, los ordenó, supo donde ponerlos. Están felices, le viste la cara a Messi. Es otro”. ¡Y qué cara va a tener si está ganando! Llegó a una final, ¿qué va a estar triste, enojado, va a poner cara de culo? Pero te das cuenta, como el cómo ya no importa, llegamos. Y la final la perdemos y no la perdió Verea, la perdió Messi. El lugar más cómodo del mundo. Ni hablemos del espectáculo, es una vergüenza. Todo aquello que en un momento dado era lo que es ver fútbol en Argentina lo rompimos todo. Lo destrozamos. Tribunas vacías, no sólo sin visitantes. Una cosa vergonzosa.

-Entonces entendés, por ejemplo, que Erviti diga que “todo lo que rodea al fútbol le genera rechazo” o que Heinze declare que "no disfruta nada de ser técnico".

-Erviti acaba, casi en el final de su carrera, de decir lo que no se animó hace diez años atrás. Y el Gringo Heinze es diferente. Hace muchísimo tiempo ha dado muestras de ser un valiente y se animó a decirles un montón de cosas a varios. Heinze es de esos tipos que yo me quisiera encontrar en la vida cuatro para pensar que esto sería mucho más feliz. Pero que gane el campeonato porque sino lo van a matar. ¿Sabés por qué? Porque no le da la nota a esos cinco periodistas que hay que darles la nota. Y porque aparte les dice cosas que no se animan a decir otros.

Fijate lo que pasó con el Chacho Coudet. Central hace tres años estaba en la B y en dos años compitió en tres finales, consiguió tener un entrenador que sienta el precedente del hincha de Central, que su equipo tenga una estructura para pensar en grande porque el equipo va al frente, consiguió sacar futbolistas y potenció a otros, ahora van a una nueva final con River y el vicepresidente dice “es el partido de la historia y de la vida de Central”. Entonces vos decís “a la mierda ¿cómo hacemos con esto?”. Pero no contento con eso, porque de última el dirigente también es hincha y está arrasado por todos los mensajes, voy en el auto escuchando la radio y el periodista de Rosario dice “bueno pero acá hay que terminar con esto del tiki tiki. Que gane algo porque sino se tiene que ir”. ¿Cómo terminó esto? Central se quedó sin Coudet. En otro lugar del mundo se hubiera quedado diez años. Con estructura de grandeza, crecimiento, desarrollo, pero acá rompen todo.

Un gran problema que tenemos es que algunos de los que triunfaron en este país tienen un mensaje perverso porque juegan el rol del privilegio y el rol del poder. Los mismos que los dicen combatir son los más asquerosamente poderosos en la manera y el accionar. Yo siempre digo esto, jamás me pondría a hablar desde el lugar de Maradona porque sería un insolente. Por lo que hizo adentro de una cancha, por lo que representó futbolísticamente o por las alegrías que le dio al pueblo argentino. Pero tengo que hacerme unas preguntas para medianamente entender algún punto. A la edad que tiene Diego terminó más rodeado de traidores que de amigos, porque lo traicionó todo el mundo. Y en ese lugar, cuando vos te sentaste con Don Julio, ¿qué esperabas? O con Bilardo ¿Tan naif eras? En eso hay una gran representatividad de todo lo que nos pasa”.

-O pensó que era una de las pocas posibilidades de dirigir la Selección argentina estando rodeado por esa gente…

-Entonces si el hecho era o es ahora o nunca más, tengo que ser muy sincero. Volvemos a entregarle lo más importante, que es la Selección Argentina, el Mundial, a un hecho azaroso. No a una realidad, a un laburo, una programación. No existe. Y volvemos a caer en el facilismo, no hablemos más de nada y que sigan apareciendo los triunfadores del momento. Cuando Pekerman hizo todo lo que hizo en las juveniles fue destruido desde el Bilardismo, con todos sus socios periodistas. Pekerman ganaba siempre, hasta el fair play y los del mensaje del éxito no podían decir nada. Sin embargo, lo destrozaban porque decían que hacía generaciones de perdedores porque no ganábamos en las mayores.

-Dentro de la cancha, 11 contra 11, ¿Qué notás que pasa ahora? ¿Hay más viveza o más talento que en otro tiempo?

-No, no tiene que ver con ser más vivo o el talento. No es que se juega a otra cosa, se juega de otra manera. Cuando se habla de intensidad, una palabra que se usa muy mal, lo que se está referenciando es un equipo que te ahoga, te come y usa esa intensidad para recuperar la pelota, ¿y después que hace? Ese análisis no está. Acá nos vendieron que la trampa es viveza. En un barrio el vivo es vivo y el tramposo es un hijo de puta (sic). Y lo cagan a trompadas al tramposo. Acá no, se hicieron vivos y nosotros los aplaudimos.

-¿Nunca dudaste en vincularte al fútbol con algún ofrecimiento que te llegó para ser dirigente?

-Me han ofertado ser parte de comisiones directivas, hacer una especie de sondeo para ser presidente. Pero derrumbé todo. Me recibí como entrenador, no para dirigir, sino para ser manager. Me fui a Inglaterra, estuve con Arsene Wenger, Bobby Robson, volví acá y terminé hablando de la plata que se llevaba la barra. Y la verdad yo no tengo ninguna gana de vivir con el sometimiento y bajo el apriete de todo esto. Con más amor que le puedas tener. Y después quise dirigir. Estuve ahí con algunas propuestas y pensé “tengo ganas en serio de llegar un día a mi casa después de una derrota y que se me aparezcan 4 o 5 monos de estos a apretarme”, más allá de que sábado a sábado estoy expuesto a que me escupan, que me tiren de todo. Porque hemos normalizado lo anormal. Hay entrenadores que pueden durar en equipos diez fechas sin ganar, porque la prensa los va a exponer de otra manera y otros no llegan al cuarto partido porque los prenden fuego. En ese juego les guste o no les guste la cosa está así. Ya en el 2000 dije que el fútbol argentino necesitaba una revolución. Una palabra fuerte, que en el mundo de hoy está muy mal usada, pero hay que respetarla.

En su época de futbolista del ascenso, El Ruso ocupaba el tiempo haciendo lo otro que más le gustaba. Ser parte del rock. En diciembre de 1983 fue plomo de Riff durante el recital en el estadio de Ferro y conoció a un mito de la música argentina: Norberto “Pappo” Napolitano.

-Pappo era el hombre más divertido del mundo o lo encontrabas enojado y era el peor. Un humano. Lo que pasa es que se ponía un instrumento en la mano y se acababa todo. A él le dolía mucho cuando una gran parte de la prensa snob criticó su estilo, cuando él sabía que era inigualable. ¿Y qué tuvo que pasar? Tuvo que venir alguien foráneo a decirnos a nosotros quien era Pappo. Claro, el que lo dijo era B. B. King, el rey del blues. Entonces ya la cosa cambió. Todos aquellos que lo criticaban porque escribió Sucio y Desprolijo y “no cambia nada estar un poco sucio si mi cabeza es eficaz”, todos los que decían que era agresivo, un mecánico engrasado que tocaba la guitarra tuvieron que callarse la boca y rendirse ante una realidad. Muerto Pappo no hubo más discos de Pappo y, como digo siempre, el lugar fue un poco menos feliz.

La casualidad quiso que la nota se haga el mismo día en el que se cumplió un año de la muerte de Lemmy Kilmister, líder y fundador de la banda de heavy metal Motörhead.

-¿Me podés describir que significó para vos Motorhead y cómo influyó en tu vida?

-Es difícil de explicar como uno se va metiendo, se fanatiza y termina consolidando un estado de amor. Primero con una banda y después con su líder. La primera vez que lo conocí tenía un miedo/pánico porque me preguntaba si sería como me lo imaginaba. Y lo multiplicó por 1000 veces. Después fue creciendo la relación, terminó viniendo a mi programa y vivimos un montón de cosas juntos en ese esquema de las 2 o 3 horas de radio. Y terminamos haciendo lo que yo quería que pasase, que era que la gente entendiera que era uno de los tipos que llevó al rock, lo honró y como dijo él: “el rock es "no", cuando es "sí" es entretenimiento”.

La charla se termina, en Gerli seguirá haciendo mucho calor, Norberto El Ruso Verea nos despide y Golero agradece.

Fotos y edición de video: Gerónimo Galeano

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Yamil D'Addato

Periodista. Productor de radio y TV. Buscador de historias, a veces las encuentro. 1/3 de Golero. ydaddato@golero.com.ar

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