Se ganó la Copa Davis, ahora a pensar en el futuro

El equipo argentino de Copa Davis acaba de coronarse campeón por primera vez en su historia. Son muchas las alegrías que nos han brindado las distintas camadas de tenistas a nivel individual. Sería injusto nombrar solamente a algunos porque son innumerables los títulos, medallas panamericanas y olímpicas, Grand Slams o torneos Masters que vieron brillar a nuestros mejores jugadores. Incluso a nivel equipos Argentina se había consagrado campeona en la copa de países disputada en Dusseldorf. Aun así, este es el primer título que obtiene el tenis masculino en la máxima competencia a nivel mundial y, sin dudas, es el logro más resonante de nuestro deporte después del US Open conseguido por Juan Martín Del Potro en 2009.

Es posible trazar una línea histórica que comienza indudablemente con el mejor tenista argentino de todos los tiempos, Guillermo Vilas. El gran responsable de que hoy el tenis sea uno de los deportes más populares de nuestro país. Sigue con José Luis Clerc, quien alcanzó el puesto número 4 del mundo confirmando que “Willy” no era un hecho aislado; más adelante viene la primera gran camada del tenis argentino, el primer grupo importante de jugadores que alcanzaron niveles increíbles, siendo herederos de los ídolos fundacionales del tenis en Argentina. Davín, Pérez Roldán, De La Peña, Mancini, Markus, Jaite, Frana, por nombrar solo algunos. Lamentablemente, esa generación debió alejarse de las pistas a edades muy tempranas por diferentes motivos, pero fundamentalmente, lesiones. La historia continúa con Hernan Gumy, funcionando como nexo conector, esperando que surja lo que fue la mejor camada del tenis argentino hasta ahora, conocida como “La Legión”. Franco Squillari fue el primero en sucederlo, poco a poco fueron llegando Puerta, Zabaleta, Gaudio, Cañas, Calleri, Chela. Un par de años más jóvenes, aparecían Coria y Nalbandian, Acasuso y Mónaco. Es interesante analizar la enorme influencia que tuvo en estos verdaderos fenómenos la camada anterior debido a que muchos de ellos se volcaron a la enseñanza, transformándose en entrenadores de estas promesas que emergían y volcando en ellos información sumamente valiosa para esas edades tan sensibles en la carrera de un jugador. La tradición le da sustento a la actual generación.

Es imposible pensar a Juan Martín Del Potro sin la tradición de la Escuela de Tandil, fundada por Raul Pérez Roldan, formadora de Franco Davín y Guillermo Pérez Roldan que luego vio nacer a Mariano Zabaleta. Ese hilo conductor asocia, más adelante, a Franco Davín como entrenador de Juan Martín consiguiendo el Us Open. A su vez, Franco, consiguió como entrenador de Gastón Gaudio el segundo Roland Garrós para el tenis argentino. Gastón, fue formado en Temperley, los pagos de Hernan Gumy, quien según cuentan fue responsable de que El Gato pudiera completar una gira gracias su aporte económico. David Nalbandian, finalista de Wimbledon, miraba al banco para buscar aliento y encontraba a Gabriel Markus, el único argentino que le ganó a Pete Sampras. Los hilos se conectan, las historias unen las diferentes generaciones y sin dudas, todas terminan en Guillermo Vilas. Todos jugamos al tenis gracias a él.

El tenis nacional no se compone solamente de jugadores y ex jugadores. Está compuesto por una enorme familia que contiene a Dirigentes de Clubes, Federaciones y Asosiaciones, Entrenadores, Profesores, Preparadores Físicos, Manañers, Periodistas, Psicólogos, Kinesiólogos, Médicos, Nutricionistas, Padres, Madres, Hermanos y Abuelos que han acompañado el sueño de sus niños, Aficionados, Directores de Torneos, Árbitros y Supervisores.

Daniel Orsanic, Capitán del Equipo Campeón, en sus primeras declaraciones post triunfo aún dentro de la cancha, dijo una verdad muy potente: “Este triunfo es de todo el tenis argentino”, y con esa frase involucró a todas y todos, hizo un recorrido histórico que comprendía a esa enorme familia que lloró de felicidad junto a Federico Delbonis y la montaña de compañeros que corrieron a abrazarlo luego de ganar el último punto de la serie contra Croacia.

Es motivo de mucho análisis ubicar las causas que generaron este triunfo, hay razones deportivas, anímicas, decisiones acertadas, oportunidades aprovechadas, una pizca de suerte que siempre es necesaria, pero hoy quiero destacar un aspecto que creo fundamental y es el trabajo.

La Copa Davis finalmente, quizás cuando menos se la esperaba, está en nuestro suelo.

La consiguió un grupo de jugadores que puso el foco en el trabajo, en el compromiso con el equipo, en un objetivo común muchísimo más potente que cada una de las partes por separado. Cada miembro del equipo fue a trabajar. Cada uno en su rol, cada uno con sus tareas, responsabilidades y obligaciones, tenía como principal objetivo hacer lo mejor posible a cada instante. La premisa era que el resultado fuera una consecuencia, que incluso estuviera en un segundo plano, siempre y cuando se hiciera el mejor trabajo posible. Y eso se notaba, eso se percibía.

Juan Martín Del Potro estaba 2 sets abajo contra Cilic y en lo único que pensó es en seguir jugando al tenis, en hacer lo mejor posible, en pegarle a la pelota con mayor violencia y disputar cada pelota con la misma concentración. Su foco era el foco de todo el equipo. En el banco no había desesperación sino trabajo, se seguía peleando el partido hasta que no cayera la última pelota a favor del oponente, se seguía pensando en dar lo mejor de cada uno. Por eso no hubo desesperación en Juan Martín, porque perder no era la muerte de nadie ni el fin del mundo, porque ganar tampoco era lo único que importaba en la vida, el contrato era con el resto de los integrantes del equipo, el contrato era con hacer el máximo esfuerzo posible. Nadie debía llevar un resultado al vestuario, bastaba con la remera empapada.

Federico Delbonis jugó uno de los mejores partidos de su vida, a la par quizás del triunfo a Roger Federer en instancias finales de ATP, y lo hizo en el momento perfecto. Calmo, sereno, tranquilo, aplomado, seguro, agresivo, paciente, concentrado, todo en su justa medida, equilibrio absoluto. Ganó el primer set, luego el segundo, quebró el saque en el tercero y el equipo seguía en la misma sintonía, seguía trabajando, seguía enfocado en el minuto a minuto, en cada punto. El posible resultado final nunca sacó de foco a los dirigidos por Daniel Orsanic, ni cuando parecía a favor ni cuando amenzaba ser en contra. Trabajo y compromiso. Alejandro Sabella lo dijo luego de perder la final del Mundial: “El Equipo es el otro”. Respeto por el otro es que cada uno haga su trabajo lo mejor posible todo el tiempo. En el caso de Sabella la lección llegó luego de una derrota, en el caso de Daniel, llegó con la Copa Davis en la mano, en ambos casos el mensaje es el mismo. Grupo, Equipo, Trabajo.

Ahora me permito pensar en el futuro, en lo que genera un triunfo de semejante impacto. Pienso en las deudas pendientes de nuestro deporte y enseguida invade el entusiasmo entendiendo que es el momento oportuno para ir en busca de solucionarlas, de mejorar y crecer.

Sin dudas la primera de ellas tiene que ver con el tenis femenino, tiene que ver con una triste realidad: muchas veces hablamos del Tenis Argentino cuando en realidad hablamos solamente de los varones (aunque en esta nota los utilicé como sinónimos). Gabriela Sabatini, la máxima referente entre tantas excelentes jugadoras, espera ansiosa el momento de poder entregarle un título de Grand Slam a una compatriota, como sí pudo hacer Guillermo Vilas. Hoy, lamentablemente estamos lejos. No contamos con jugadoras dentro de las 100 mejores del mundo. Hay pocas niñas en las escuelas de tenis, la base es chica y la inversión en políticas a largo plazo es nula. Materia pendiente. Momento ideal para encararla.

Los juveniles que participan en los torneos grandes son pocos, a los Grand Slams no logramos mandar jugadores a todos los cuadros principales. La base no es amplia y eso pone el riesgo el recambio constante. El Interclubes, el tenis social, el tenis adaptado, centros regionales, centro nacional, infraestructura para entrenar en todas las superficies, escuelas gratuitas de iniciación, son solo algunas de las áreas donde aún queda mucho por hacer, sino todo.

Por lo tanto, esta felicidad que nos invade, este agradecimiento eterno a los jugadores y cuerpo técnico que llevaron adelante la increíble hazaña de ganar la Copa Davis jugando todo el año de visitante y contra todos los pronósticos, esta alegría que Orsanic compartió generosamente con toda la familia del tenis, debe ser solamente el comienzo de un futuro que contenga a los miles de chicos y adultos que se acercan a nuestro amado deporte.

Festejemos. Y cada uno desde el lugar que nos corresponde, a seguir trabajando.

Por Martín Vassallo Argüello

Ex jugador profesional ATP 47° del mundo - Head Coach en www.cancha1.com.ar - Actual entrenador del tenista argentino Facundo Bagnis

Fotos: Asociación Argentina de Tenis

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