“Si hacés freestyle en Europa o Asia te consideran un artista, acá sos un vago”

De pibe jugaba al fútbol con sus amigos como cualquiera de nosotros. Un wing derecho clásico -rápido y asistidor- que desbordaba y metía centros en las inferiores de Temperley. Sin embargo, una lesión y la típica obstinación de la juventud lo privaron de llegar a Primera. Pero esa obstinación lo llevó a descubrir el arte del freestyle. Charly Iacono se juntó con Revista Golero en su Burzaco natal y nos contó desde sus inicios hasta el día que se coronó campeón mundial.

“Cuando la gente ve todo lo que hago ahora piensan que ya lo hacía desde que arranqué”, explica Carlos Iacono cuando relata su crecimiento en el freestyle, este “nuevo” deporte que está tomando relevancia a nivel mundial y que trata, como su nombre lo indica, de “estilo libre”. “Hacer jueguito” decíamos en el barrio. Charly, como lo conoce todo el mundo, empezó haciendo jueguitos porque los esguinces no lo dejaban correr ni patear la pelota… ¿Cómo le decís a un pibe que no puede jugar más al fútbol? A él no le importó y le encontró la vuelta a su problema:

-Yo de chico era fanático de jugar a la pelota, venía acá a la plaza a jugar con mis amigos del barrio y también en el Club Temperley. Jugaba de 7, siempre fui de tener mucha velocidad. No era tanto de encarar al arco, pero me encantaba correr, pasar a alguno y tirar el centro. A los 16 años me fui a probar a Lanús y en los entrenamientos me esguinzaron el tobillo y el problema fue que no fui al médico. Seguía jugando acá con mis amigos con el tobillo hinchado y vendado, entonces se me hizo crónico. Pateaba y me dolía, me doblaba a cada rato, incluso vendado. Pero no quería parar. Hasta que en un momento tuve que dejar porque ya estaba cansado de jugar con dolor y empecé a hacer “jueguito” con la pelota. Creo que por la pasión que me generaba jugar al fútbol, pensé: “si no puedo patear, me quedo en el lugar haciendo jueguitos”. Además veía mucho a Ronaldinho, que es mi ídolo, y copiaba lo que él hacía. Él hacía trucos en el entretiempo y antes de los partidos, o en publicidades como la de “Joga Bonito”, de Nike. Y viendo sus videos en internet encontré que el freestyle era un deporte que estaba naciendo en Europa y que había muchos más trucos. Ronaldinho se estaba convirtiendo en un fanático más del deporte. Y ahí me metí de lleno en el freestyle y no paré hasta ser campeón mundial.

-¿Cuándo fue que te diste cuenta que no sólo te gustaba Ronaldinho y tratabas de imitarlo sino que también podías hacer lo mismo que él?

-Me di cuenta cuando empecé a entrenar acá con amigos, en la plaza, antes de jugar. Trataba de hacer la vuelta al mundo y no me salía. Cuando me salió la primera vez fue la inspiración, si me salió uno ya me podían salir todos los demás trucos que quiera. Ahora ya no me cuesta. Cuando la gente ve todo lo que hago ahora piensan que ya lo hacía desde que arranqué. Pero en mis primeros videos yo me veo re duro, el cuerpo no lo podía mover como ahora.

-Un jugador de fútbol profesional tiene un entrenamiento, nutrición, una parte física, etc. ¿En qué se basa el entrenamiento de un campeón mundial de freestyle?

-Yo lo baso en entrenar con la pelota para seguir mejorando la técnica. En el freestyle lo más importante es el “tacto” que llegás a tener con la pelota. Es como en todos los deportes, repetís tanto un movimiento que cada vez vas teniendo más sensibilidad y en un solo toque yo puedo sentir si la pelota se me está yendo para adelante, para un costado o para el otro. Es sentir el momento en el que se te está por escapar y ahí la salvás. De la parte física entreno flexiones de brazos y abdominales, porque hago algunos trucos que son acrobáticos y eso me ayuda mucho.

Luego de superar las lesiones en su tobillo derecho, Charly llegó a un punto en el que dejó de ver al fútbol como un juego. Desde el freestyle, él empezó a ver que para el fútbol necesitás “algo más” que sólo jugar bien.

-Yo veía que en el freestyle lo único que necesitaba era entrenar para ganar torneos y así empezar a viajar. Al ganar los torneos, los sponsors me contrataban para hacer shows. Esa cadena de cosas me dio mucha más motivación. En cambio en el fútbol veía que los que llegan a ser profesionales muchas veces no tenía que ver sólo con el talento, sino con tener un buen representante, criarte de chico en un buen club o tener la suerte que te vean. Yo tenía un montón de amigos que la rompían acá, que eran mucho mejores que yo. Pero no llegaban. En el fútbol no es simplemente ser el mejor del barrio y ya está. Yo en el freestyle me di cuenta que tenés que entrenar duro y encontrar tu propio estilo.

-¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves que un jugador de primera división para mal la pelota o se le va?

-Yo me doy cuenta enseguida que es falta de práctica. En el fútbol argentino se enfoca tanto en la preparación física que se olvida la técnica. Piensan que un chico que juega bien no puede fallar nunca porque ya juega bien, entonces hay que entrenarlo para que sea más musculoso o más fuerte. Por ejemplo, yo ayer jugué acá en la plaza, y yo noto enseguida lo que empeoré por dejar de jugar al fútbol y lo que mejoré por hacer freestyle. Empeoré jugando con la pelota en el suelo, pero si me la tiraban por el aire, que es lo que hago todos los días, la bajaba como si nada. Eso ya no me cuesta ahora. Cuando jugaba al fútbol me costaba más frenar pelota de aire que llevarla por el piso. Es puro entrenamiento. Entonces cuando a un jugador se le escapa la pelota es porque están entrenando mucho otra cosa y dejan de lado la técnica.

Cuando empecé a ver a Ronaldinho y a mirar lo que hacía, empecé a leer la historia de él, y cuentan que de chiquito el hermano le ponía sillas en la casa y lo hacía esquivarlas. Ya de chiquito él fue mejorando la técnica de llevar la pelota pegada al pie y por eso era tan difícil sacársela. Es lo mismo que Messi, él vive con la pelota, la tiene pegada.

-¿Messi podría hacer freestyle?

-Sí, yo creo que él aprendería rápido los trucos, porque ya tiene la técnica. Es lo que te decía de la sensibilidad, él ya tiene mucho tacto con la pelota. Se le nota porque en los últimos años él mejoró mucho los tiros libres. Empezó a entrenar la técnica que quizás él vio que le faltaba, tenía mucho control con el dribbling y le faltaba la técnica del tacto con la pelota. Y él ahora tiene todo.

La gente siempre piensa que Messi, por ser el mejor jugador de fútbol del mundo, puede ganarle a alguien que hace freestyle. En realidad él me puede hacer pasar vergüenza en el fútbol como yo lo puedo hacer pasar vergüenza en el freestyle. Es porque cada uno está tan entrenado en lo suyo que lo otro lo dejó. Entonces, yo no entreno fútbol y se me puede escapar la pelota corriendo y él no entrena freestyle y se le puede caer haciendo jueguitos.

­-¿Cómo fue ese recorrido tuyo de empezar a llegar a finales del mundo y ser campeón? ¿Qué tuviste que mejorar para ser hoy el mejor?

-Antes yo veía que entrenaba, pero no estaba enfocado. A partir de 2013 me puse a entrenar mucho más “prolijo”, empecé a entrenar los trucos que yo sabía que eran buenos y que me podían hacer llegar a una final o ganarla. Era muy aburrido hacer lo mismo todos los días, pero era un sacrificio y quería ver si funcionaba. Así llegué a mi primera  final, pero la perdí porque me dejé llevar por lo que me decían los demás, de que no arriesgara y que no se me caiga la pelota, que al que menos se le caía ganaba… Y al prestarle tanta atención a lo que me decían los demás, dejé de ser yo. Dejé de hacer lo que venía haciendo para llegar hasta ahí. Perdí esa final por no arriesgar, y se me terminó cayendo igual porque me puse nervioso al pensar en que no se me tenía que caer.

La segunda final fue en el 2014. Ahí perdí por ansiedad, por no querer guardarme nada. Al querer hacer todo, me puse muy ansioso y me quise sacar todos los trucos de encima y me equivoqué mucho. Pero yo sentía que ya había entrenado un montón, estaba en un nivel como para ganar el torneo, porque nadie llegaba a dos finales seguidas. Y llegué a una tercera final, todas consecutivas. Me puse muy ansioso, no sabía cómo controlar los nervios y la perdí también. Porque se me iba sumando la presión de haber perdido ya dos finales. Es como le pasa hoy en día a la Selección, que además de sentir los nervios de una final, estás sintiendo la presión de las anteriores. Y después llegué a otra más y volví a perder. Eran dos finales de torneo de Red Bull y dos de la federación. Me fui cansando de eso, cada vez que perdía pensaba en dejar el freestyle, porque te desmotiva mucho perder una final. Pero por otro lado yo me sentía capaz de ganar, porque ya lo demostraba. Había salido campeón de la federación por puntos, porque el que es más consistente en el año, queda primero. Entonces por haber salido segundo siempre, quedé primero, porque los campeones siempre fueron cambiando. Ganaban un torneo y no ganaban más, y yo estaba ahí fijo en las finales, me faltaba dar el último paso.

Ahí me hizo un “click” la cabeza, y dije “algo está fallando”, porque yo cada vez que perdía pensaba en entrenar más duro. Y volvía a perder. Entonces me di cuenta era algo mental, de poder controlar los nervios y la ansiedad para poder rendir de la forma en que yo quería. Ahí me puse a mirar videos de cómo se entrenaban en el alto rendimiento en otros deportes. Y vi que en ese nivel se enfocaban mucho más en lo mental, mientras que yo hacía lo contrario, me ponía a entrenar el doble. Entonces empecé a tratar de mejorar lo mental en los entrenamientos. Si me sentía de mal humor, descansaba un poco, respiraba profundo. Era casi una meditación. Y así notaba que después los trucos me salían más fácil.

También me puse a leer psicología en el deporte. Yo soy muy curioso, y si algo lo voy a entrenar, lo voy a hacer al máximo. Y encontré algo nuevo, porque yo creía que era simplemente la pelota y darle todos los días. Busqué un psicólogo deportivo y encontré a Romina Plataroti (ex gimnasta olímpica argentina). Empecé a ir a terapia con ella y me hizo dar cuenta que sin lo mental no iba a rendir en lo físico. Me hizo hacer ejercicios para estar en una final y no pensar en ganarla sino en hacer cada cosa bien. Esa fue la clave para llegar a ser campeón mundial, haciendo un camino distinto al de los demás campeones, que normalmente entrenan mucho y lo ganan. Lo mío fue más de tener caídas hasta encontrar la falla. Que hoy en día sé que vale mucho más, porque me enseñó más que solamente ser campeón mundial. Me enseñó a que cuando quiero hacer algo no lo logre en el primer intento, pero seguir buscando y que lo que uno se proponga lo puede lograr.

-Sin tu curiosidad no hubieras encontrado otro método para lograr el campeonato.

-Claro, eso sirve para todo lo que uno se proponga en la vida. Depende qué tan curioso seas si llegás o no. Si hubiese dicho “no, ya perdí cuatro finales, si llego a otra seguro la pierdo”, y dejaba de competir, nunca habría sido campeón mundial. Fue gracias a mi personalidad, de siempre ir buscando y mejorar lo que sea. Donde yo vea un error, trato de buscar la forma de corregirlo.

A pesar de ser campeón del mundo, Charly nunca dejó de hacer referencias a su barrio y la plaza donde jugó toda su vida. La plaza que lo formó no sólo como jugador de fútbol y de freestyle, sino como persona:

-A mí me encanta estar en mi barrio, venir a la plaza, a veces vengo a entrenar acá. Me hace acordar a cuando empecé. Me pasó, como le habrá pasado a muchos, de haber “llegado” y sentir que no tenés que hacer nada más porque ya está, ya llegaste. En realidad siempre tenés que seguir haciendo. Y donde empecé a entrenar la primera vuelta al mundo fue acá. Eso está bueno para volver a tomar motivación, seguir trabajando y no dejarme estar por haber ganado un torneo.

Con el Sol del mediodía pegando en la cabeza, nos vamos de la plaza de Burzaco y acompañamos a Charly hasta su casa. Vaso de agua helada mediante, seguimos charlando sobre freestyle y nos deja una frase concreta para graficar cómo se ve al deporte en el mundo: “Si hacés freestyle en Europa o Asia te consideran un artista, acá sos un vago”. De pibe de barrio a artista. De artista a campeón del mundo, pero sin dejar de ser un pibe de barrio. Ése es el recorrido de Charly Iacono.

Fotos y edición de video: Gerónimo Galeano

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Gerónimo Galeano

Periodista. Fotógrafo, camarógrafo y editor. Otra óptica para las historias. 1/3 de Golero. ggaleano@golero.com.ar

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